Un sector del sindicalismo representativo comenzó a aceptar las condiciones impuestas por el gobierno. Es parte de una estrategia que mezcla tregua y pragmatismo frente a un Presidente indescifrable para los jerarcas sindicales. Lo curioso de este giro es que se da tal vez en el momento más débil del Gobierno, en el que la economía se desploma, el dólar enciende alarmas y cuando manda la incertidumbre sobre el intento del oficialismo en aprobar su primera ley en casi un semestre y de avanzar en un ambicioso acuerdo de diez puntos con las provincias. Después de activar dos paros generales…
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