El Oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) completó la última soldadura del caño que une la cuenca de Vaca Muerta con el océano Atlántico.
La construcción de 437 kilómetros de extensión, que utilizó caños de 30 pulgadas fue ejecutada por la Unión Transitoria de Empresas (UTE) Techint Sacde y requirió la intervención de más de 1.500 trabajadores, distribuidos en tres campamentos móviles a lo largo del trayecto. El financiamiento incluyó préstamos por un total de USD 3.000 millones otorgados por Citi, Deutsche Bank, Itaú, JP Morgan y Santander.
Por el oleoducto, en esta primera etapa depredarán 180.000 barriles diarios, volumen que irá en aumento hasta alcanzar los 550.000 barriles por día, riqueza que se repartirán entre Shell, Pan American Energy, Chevron, Tecpetrol, entre otras multinacionales saqueadoras.
EL TIEMPO LES DIO LA RAZÓN
El 23 de agosto de 2013 la Legislatura de Neuquén, completamente vallada, daba tratamiento al polémico acuerdo YPF–Chevron. Los ojos de todo el país miraban la batalla campal que se desarrollaba afuera del reciento y el desenlace del inicio de la explotación de Vaca Muerta, que ya en aquel entonces estaba plagado de denuncias por saqueo y contaminación, cuestiones que hoy están claramente demostradas.
Se trata de un emprendimiento que supera los 20.000 millones de dólares anuales de los cuales al país le quedan el daño medioambiental irreversible y una migaja que ronda los 1.000 millones de dólares al año, recurso natural y económico perteneciente al conjunto de los Argentinos que lamentablemente «casi» en su totalidad se reparten los mismos traidores a la patria de siempre.
